"Celebramos agradecidas los logros cotidianos de muchos hermanos y hermanas que se han adelantado en la búsqueda de otro mundo posible. Junto con ellos y ellas, fortalecidas por el Espíritu, queremos seguir buscando el rostro de Dios en nuestra historia" (Religiosas del Sagrado Corazón de Jesús. Capítulo 2008)

lunes, 26 de junio de 2017

Testimonios de Religiosas del Sagrado Corazón de Jesús

Dichoso el hombre que no se siente desilusionado después de haberme encontrado.(Lucas 7)

Puedo confirmar esta experiencia de mi vida a lo largo de más de 50 años. Nací y crecí en una ambiente cristiano y religioso: familia, colegio, amigos. A los 15 años SENTÍ  internamente un deseo de seguir en la vida el camino de Jesús, y” Amarle como María le amó”. Recibíamos entonces la Medalla de Hijas de María, y buscábamos un lema que concretara los deseos, ilusiones y proyectos. Me vi  reflejada en ese.
A los 18 años entré en el Noviciado del Sagrado Corazón de Chamartín, dudé si era la educación el camino que más me atraía o la vida contemplativa de carmelitas o clarisas, tenía amigas que la habían elegido.
Al principio, los jalones de mi vida lo marcaban los sitios de destino o los trabajos realizados, hasta que “bajé al piso” interior y descubrí la aventura de la vida en procesos de seguimiento de Jesús.Fue en Canarias, después del Concilio en los años 70. El mundo, ya no era un desierto espiritual sino un lugar donde se manifestaba la encarnación de Dios. Nosotras cambiamos el concepto de Clausura.  Se nos alentaba las “experiencias” cerca de los pobres.  Nos fuimos a vivir a una Cuartería (se llama así a las viviendas donde viven los aparceros durante la zafra, época de recogida del tomate), pasamos de vivir en un mundo industrial, a uno rural, allí descubrí  las pocas cosas que necesitamos para vivir. No teníamos , ni agua, ni luz ni  servicios, la existencia de las inteligencias múltiples, que no todos servimos para todo, que la pobreza  no consiste sólo en carecer de cosas, sino en el reconocimiento social que te rodea.  La presencia de Dios a través de las estrellas tan cercanas de la noche y los cantos de los niños descalzos. Fui feliz, empezando a entrever la lógica de la encarnación de Jesús y de las Bienaventuranzas.


Pasados allí 12 años.  Volví a Madrid , empezó la etapa de atender y acompañar a mis padres mayores y enfermos, me hubiera gustado vivirla de otra manera,  ese tiempo se pasó más como inconveniente  en  mi  plan de vida que como una oportunidad de descubrir la importancia del olvido propio.Pasé un tiempo en la formación de profesores de religión de la diócesis de Madrid, época muy llena, ampliación de horizontes y de sentido de pertenencia a la Iglesia.

En 1999, la Provincial me destinó al Colegio que tenemos en Chamartín, donde disfruté 13 años, descubriendo la presencia de Dios en niños con mucha diversidad. Profesores y Familias.. Al  llegar la Jubilación me destinaron a la casa de Espiritualidad de Santa María de Huerta, donde vivo llena de júbilo. Haciendo vida las palabras de Jeremías 31. “Plántate hitos, pónte jalones de ruta, presta atención a la calzada, y sobre todo que no se marchite tu corazón”

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