"Celebramos agradecidas los logros cotidianos de muchos hermanos y hermanas que se han adelantado en la búsqueda de otro mundo posible. Junto con ellos y ellas, fortalecidas por el Espíritu, queremos seguir buscando el rostro de Dios en nuestra historia" (Religiosas del Sagrado Corazón de Jesús. Capítulo 2008)

viernes, 3 de marzo de 2017

2. Afirmar la vida

Fuente: Internet
La cuaresma es un viaje interior, las fuerzas de la vida se recogen adentro, «en lo escondido»,  dice Jesús, en lo secreto. Para poder asentir a la vida, para aprender nosotros también este «sí», el gran Sí de la Pascua,  el “Sí” de Dios a Jesús en la resurrección. El “sí” a su vida, a su modo de estar en ella, a sus causas.

Asentir es un aprendizaje, afirmar y poder tomar sin resistirnos cada momento del viaje. Asentimos, en primer lugar a nosotros mismos, a nuestra situación y a la vida, tal como es. Y también  a la vida de los otros. Este asentimiento adentro nos lleva a volvernos de forma diferente al espacio exterior en el servicio y con amor.

Normalmente buscamos otro lugar y otro tiempo: “no aquí, no ahora, no esto…”, y la vida nos va enseñando que lo que realmente nos hace atinar con el viaje es: “sí aquí, sí ahora, sí esto. Nos ayuda saber que “todo es sólo por un tiempo”. El sí es sobre todo un sí al ahora, un sí a nosotros mismos, como somos y en el momento en que nos encontramos. Un “sí” que respeta y acoge la vida de los otros.

Asentir a la vida, afirmarla, no puede hacerse sin gratitud. La cuaresma nos ayuda a poner verdad y agradecimiento en nosotros. Pedir  lucidez sobre la propia vida y, desde ahí, pedir misericordia. El trabajo interior empieza siempre con ver las sombras, las partes rechazadas y desconocidas de nosotros mismos…y no cerrarlas sino, todo lo contrario, poder reconocerlas y abrirlas al amor liberador e incondicional de Dios.

Lc 17, 11-19:  Los diez leprosos«¿Tan solo ha vuelto a dar gracias a Dios un extranjero
 ¿Cuáles son esas «lepras» que comparto con muchos? Pido el don de poner verdad en mi vida.

Respiro la oración del corazón: “Señor, Jesús, ten misericordia de mí, de nosotros”.  Asienta en esta misericordia tu vida y la de los otros.

«Se postró a los pies de Jesús dándole gracias». 
¿Qué realidades me llevan a agradecer, a postrarme?                 

«Ayúdame, Señor, cada día a ajustar mi vida a la tuya, no tanto para relativizar mis cosas sino para insertarlas en tu amoroso plan de  salvación».


Teresa Gomà, rscj 
Mariola López, rscj


2. Afirmar la vida

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